En este ratito contigo hablemos del ego y de sus escurridizas habilidades ficticias. Pero antes de introducirme en el personaje ego, creo aconsejable hacerlo brevemente del cuerpo. El cuerpo es hermoso y es una máquina perfecta del que podemos aprender y crear desde nuestra voluntad, está impregnado de células y en ellas se almacena conciencia. Cada tejido o miembro del cuerpo puede ser generado hasta su curación. Sirve o nos sirve para manifestarnos y de soporte para nuestro recorrido, desde el nacimiento, pasando por las distintas etapas hasta la muerte. Quiero aclarar que para mí no hay nacimiento ni muerte, sino un reciclar constante de la sustancia y forma hasta la madurez. (De esto te hablaré en otro ratito). Ese microcosmos está a nuestro servicio. Cuando yo digo que no soy el cuerpo no me refiero a que no tenga importancia o valor, sino al contrario, es para nosotros de un gran valor como todos podemos saber, en la apreciación que podamos tener de él, aunque no entendamos en un principio, pero nos sirve y es de agradecer y admirar. “<Gracias hermano cuerpo>”. Pero en verdad no es de nuestra propiedad, aunque así lo crean algunos individuos. Sería desagradecida si no aprendo a amarte querido cuerpo, a respetarte o admirarte, si por descuido, ignorancia o vagueza no te cuido, sucederán consecuencias, no cabe la menor duda que se manifestará, el deterioro será más aguzado con presencia de enfermedades, dolencias y sufrimiento. (Te digo hermano cuerpo). NO soy el cuerpo ni las emociones que se pueden padecer o esa charlatana compulsiva con quién solía liarme creyendo ser ella. No, no soy nada de eso y él lo sabe.
(Permíteme, dar un salto hacia atrás en el tiempo)
En tiempos de la antigüedad, cuando las comunidades eran reducidas, no había censo y se reconocían las familias por el nombre del patriarca. Estas familias a medida que iban creciendo dificultaban su control, de hecho aquellos gobernantes encargados de establecer el orden, tuvieron la idea de hacer un registro de cada individuo con el fin de que este quedara registrado para mejor funcionamiento de una ley de orden y así responder sin ninguna duda ni error ante la comunidad. La identificación registradora pedía datos personales basándose especialmente en el oficio de cada registrado, unos apellidos supuestos y referencias de sus rangos u oficios, se plasmaban por escrito todo aquello que cada individuo pensaba o creía tener o ser. En aquella época fue ideal para que cada cual se agregara sus respetivos títulos o rangos, llevándose después a la expresión escrita o registro de la época con el fin de resaltar la importancia de dichas familias y dar crédito de ello. La idea más o menos parecía que podía funcionar, sin embargo hubo pensadores que no lo veían así, exponiendo su reflexión, (reflexión que fue rechazada). El argumento expuesto se refería a la confusión por el cual podrían surgir unas necesidades confusas que llevaran a los individuos a hacer una separación de clases. Parecía que acababa de nacer un filón de oportunidades para los ambiciosos que deseaban ser diferentes. Surgían oportunidades, como se han ido viendo a lo largo de los siglos, desarrollando títulos, diplomas, jerarquías o aquella fiebre de acaparar riqueza junto al deseo de alcanzar poder y reconocimiento ante una sociedad que al parecer creía que así, ambicionando, se haría más grande. En definitiva se pensó y creyó en algo grande para un desarrollo de carencias sin importar mucho las formas. El alcance intelectual y la moral de la época lo permitieron. A la vez, se reconocía como valor el ser ambicioso, pero en verdad al hombre se le aplaudía y a la mujer se le criticaba por ello. La mujer tenía que ser sumisa, obediente y honrada, así que el sometimiento de conducta de una mujer estaba a cargo del padre, en un principio y después del matrimonio esa responsabilidad pasaba al marido. La conducta de la mujer ante la sociedad tenía que ser impecable, pues peligraba la dignidad de esa familia si no era así.
(Con tu permiso) Me gustaría hacer un inciso a modo de aclaración sobre el concepto de la dignidad.
¿Qué es la dignidad?, Este concepto fue un invento retorcido por jerarquías dominadoras, pues un@ nace con su dignidad, la use o no, no somos la mente, ni el cuerpo ni tampoco las emociones aunque se hagan cosas que no sean dignas ni propias de un ser racional, pero que se hacen desde una demencia mental egoísta. Hoy en día, muchos que dicen ser dignos no se equivocan, aunque no lo aparenten, pues lo son, aunque no es coherente de saber que lo eres y no actuar en consecuencia. La RAE lo define así.
1. f. Cualidad de digno.
2. f. Excelencia, realce.
3. f. Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse. Este individuo usa su dignidad.
Aquí queda para tu análisis.
Dicho esto, en definitiva todos, de una manera u otra en su papel, luchaban por codiciar algo, porque así creían ser algo. En esta temeridad de realzarse, entró una sociedad donde el individuo competía con todo hasta consigo mismo, no sabiendo que el pensamiento ego se engrandecería ante una dignidad sublime de nuestro Ser. Claudicaba así el ser humano, ante una ambición nociva y así sigue, reafirmando el sustento del ego, dando fuerza a ese monstruo, por consiguiente fue ahí donde el hombre anula o calla la dignidad del ser. Sin embargo todos podemos saber que no hay fuerza alguna capaz de poder anular o callar a la propia vida, a la creación o al PODER INFINITO. Nos diseñaron para no recordar y nos enredamos en un velo de engaño puniendo así un sustituto. Seguimos ante una confusión, la mente tiene ideas, solo ideas. Nosotros le ponemos el concepto, no pongamos los conceptos que le parezcan más convenientes a nuestro ego. Pero el concepto de tener no se puede confundir con el del ser, sin que se sufran las consecuencias.
Metiéndonos en la historia, podemos darnos cuenta de lo que hemos crecido a pesar de aquellos que desean que nada cambie. Por ello creo que ahí olvidamos definitivamente la identidad de lo que somos sin valorar ya la importancia de nuestro origen, incluso sin esos deseos de recuperación. De ese modo a lo largo de los siglos hemos creado nuestra propia corrupción mental, creyéndonos incapaces de recuperar o la ambición nos cegó y no quisimos ver pero lo elegimos. (Este es nuestro personaje ego). Quiero mencionar aquí un enunciado… <<La corrupción de la mente es cuando el individuo ya no sabe defender la ética, se hace egoísta y solo empieza a utilizar todo y a todos, sacando beneficios de ello>>. Como surge la necesidad de aprender a poner cada idea en su concepto ético, es por ello que se precisa honradez consigo mism@, para entender que es bueno dotarse de las herramientas necesarias… una buena humildad, no criticar, no apegos y una aceptación a lo que es, aquello que te surge cada día. No culpes, no juzgues ni te enfades, todo es una maraña de tu propio ego, es un sueño pero que si tú lo crees, será tu verdad y tan real lo verás que sufrirás por ello.
Ego ilusorio que nos lleva a la locura,… ¿Por qué?, te decía que el ego es pura energía, su función es sobrevivir y llevar siempre la razón, pero en verdad nosotros, como ya he dicho, no lo pusimos a nuestro servicio sino que nos pusimos en la creencia de ser él y lo seguimos.
Cuando nos identificamos con nuestra mente ego también lo hacemos con este mundo unificado por todos. Es verdad que cada vez más creamos bajo los efectos de la inconciencia y sus creaciones, siempre suelen dar resultados inconscientes, esto es ego, llevándonos a situaciones donde podemos aparecer en cualquiera de las situaciones de vida en donde nosotros no podamos reconocernos, esto nos frustra y desconcierta y nos hace sufrir, nos pone en situaciones que no sabemos abordar y a veces al empeorar la situación del hecho en sí, nos podemos poner histéricos entrando en patología. Nos puede llevar a la locura cuando estamos en una fase extrema donde la identificación con el ego ya no se sabe diferenciar por que los espacios de lucidez son muy cortos, el diálogo interno se vuelve verbal y la persona se hace prejuiciosa a consecuencia del miedo que padece, es decir que enredada en esos miedos y sin saber qué hacer, nuestros prejuicios los vemos en todo creyéndose ser víctima de los otros a los que odia y desea que sufran tanto como ell@s sufren. Estas anomalías mentales se diagnostican por profesionales. Entre los que padecen esta dolencia puede haber más inquietos o menos, lo cual dependerá de la rabia y odio que hayan acumulado dentro de sí, aunque siempre disponen de tratamientos que los calma. Mientras tanto los profesionales los tratan con la esperanza de que respondan. Dicho todo esto podríamos ver la importancia a la prevención, porque cualquiera de nosotr@s puede verse en situaciones conflictivas.
Podríamos tener conciencia de lo que no somos, antes de lo que somos, por la razón que en ese orden nos llevará a lo que somos. He aprendido que yo, no soy la mente ni tampoco el cuerpo ni las emociones que sufro. Si me preguntas, ¿Quién soy?, te diría que soy lo que soy, sin embargo dentro de mí o de ti, en nuestro ADN viene explícito nuestro recorrido, ahí están las partes que ignoramos, aquellas que sí o sí nos toca aceptar, aquellas otras que podemos corregir. Estamos destinad@s a sentirlas, y representarlas, pero si no hay lucidez no habrá opción para elegir, debemos recordar que lo que somos está por encima de todo eso, tengo que aceptar aquello que es,..¿ y qué es?,.. pues lo sucedido, vivir la presencia (Entregarnos es dejar de lado a la mente ego).
¿Qué es la entrega?
La entrega es aceptar lo sucedido, y entregarnos en toda confianza a nuestra fuente. Así pues tuya y mía, son las decisiones a tomar.
El ego se mueve con hilos tremendamente finos, con una sutileza hábil, pero no es mi deseo estar enojad@ con él. Es la mente la que tengo a mi servicio, es algo que puedo educar desaprendiendo los malos hábitos adquiridos y aprendiendo las leyes del Universo, con equilibrio y creando paz. Agradezco por ello y trato de conocer sus sutilezas con la que podría tratar su demencia o locura, digo su locura porque de locura es, que yo crea ser ella y la siga. Mientras esto no lo corrijamos sufriremos y haremos sufrir, destruyéndonos con todo cuanto nos rodea.
Cuídate.